¿Cambiará la pandemia permanentemente nuestras rutinas de belleza y nuestra manera de vernos? Una reflexión sobre los hábitos de belleza que adoptamos ‘sin querer’ durante el confinamiento por el COVID-19.


¿Cuánto tiempo se tarda en crear o deshacer un hábito? Hace una década, la investigadora del University College London, Phillippa Lally, dirigió un importante estudio que mostraba que las personas necesitamos, en promedio, 66 días para cambiar nuestras costumbres. Esto nos lleva a pensar en estos meses en nuestra propia reclusión inducida por la pandemia. A medida que la novedad de refugiarnos en el lugar desapareció y nos adaptamos a nuestro nuevo estilo de vida, muchos de nosotros nos preocupamos por la pregunta de quién, exactamente, sería y cuándo regresemos a nuestra vida “normal” y, más allá de eso, exactamente cómo nos sentiríamos y también veríamos.

Después de meses sin gimnasios, sin manicuras, sin peluquerías o inyecciones de Botox, muchas mujeres están lidiando con la misma pregunta. ¿Estamos a punto de adoptar una nueva actitud tolerante hacia la belleza? O, tan pronto como tengamos la oportunidad, ¿volveremos a abrazar los viejos hábitos y volveremos corriendo con nuestros entrenadores y coloristas para perder el peso que subimos en cuarentena y retocar nuestras raíces colectivas? Extrañamos a nuestro antiguo yo. Pero también nos encariñamos con mi nuevo yo.

En Pinterest, la plataforma de descubrimiento visual, los videos están en alza, y lo que se detectó es que cantidad de usuarias están buscando ‘videos de maquillaje natural’ y ‘estilo de belleza natural’. Ultimamente, las pecas también pasaron a cobrar protagonismo y las mujeres están buscando formas de destacar este rasgo natural. Al menos así lo demuestran las búsquedas como ‘chicas negras con pecas’, estas búsquedas se duplicaron; ‘pelirrojas con pecas’ crecieron más de 5 veces, y ‘asiáticas con pecas’ aumentaron un 59%.

Por otro lado están las mujeres que adaptan sus rituales, y en estos tiempos, en los que resulta imposible ir a un punto de venta a probar las propuestas beauty de las marcas, firmas como Lancôme, la marca que lidera el mercado de lujo, lanzó un virtual try-on de maquillaje perfectamente integrado a la web de Lancôme Argentina que no necesita ninguna descarga o instalación. Se trata de una herramienta de realidad aumentada que permite a las consumidoras de belleza hacer de la compra, una experiencia más útil. Con este espejo virtual, podrán probar en 3D todos los tonos de labiales, máscaras y bases de maquillajes, comprobando el resultado en primera persona, previo a la compra del producto. Acá es donde entra en escena lo que ya se conoce como ‘beauty tech’; es decir, tecnología aplicada al sector de la belleza que introduce aplicaciones propias de la inteligencia artificial.

¿Los icónicos “testers” quedarán en DESUSO por un tiempo, para darle lugar a los ESPEJOS VIRTUALES con tecnología de último nivel?

Otra iniciativa que se adapta a la nueva belleza es la de BACE Estética y Belleza, que creó su propia marca BACE At Home, una línea de productos para el cuidado del cuerpo y rostro. Un cepillo de exfoliación corporal para cepillado en seco con cerdas que estimulan la circulación, el drenaje linfático, la producción de colágeno y elastina, también atenúan la apariencia de la celulitis, combaten la piel seca, exfolian, renuevan las células y mejoran la tonicidad de la piel. Además, con un costado responsable en la que cada parte del cepillo y del empaquetado tiene una historia, ya que son 100% artesanales.

La apariencia personal es algo que podemos cambiar. ¿Pero deberíamos? Ahí es donde entra la revalorización de los valores: no hay forma de que los trastornos provocados por esta pandemia no alteren algunas de las normas de belleza de la sociedad, al igual que la Primera Guerra Mundial impulsó a las mujeres a cambiar los jopos de las girls Gibson por bobs poco exigentes. Tal vez esta interrupción sea similar en el sentido de que incitará a las mujeres a querer una apariencia de menor mantenimiento. El salir de casa para hacer ejercicio ahora puede ser desde casa, o un retoque que podría esperar, puede inducir a las mujeres a retener parte del ‘dejar ser’ que cultivaron durante la cuarentena de COVID-19. Y si es así, ese podría ser un buen rayo de luz de esta crisis: las mujeres emergen con un toque más suave consigo mismas, más indulgentes con las líneas finas y las canas y menos consumidas por la necesidad de lucir perfectamente contorneadas en selfies. Pero evitar las cosas que sentimos que teníamos que hacer por el bien de la perfección no significa que debamos renunciar a los rituales que nos hacen sentir bien.

Los viejos HÁBITOS tardan en morir. Especialmente aquellos a los que nunca quisimos RENUNCIAR en primer lugar.

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