Los kits indispensables de Mishka para transitar el invierno 2020 celebran el arte zapatero, las tipologías oversize y la yuxtaposición de accesorios, al tiempo que sugieren modas y modos más democráticos.

texto de Victoria Lescano

El protocolo de la colección surge de observar los ítems de la extensa familia de zapatos y también al escudriñar cada detalle de la inclusiva línea de carteras que componen los ítems de la gran boutique conceptual. Unos y otros se realizan en cueros nobles pero también suman un vasto catálogo de de innovadores neoprenes, cueros vegetales, mallas deportivas, tejidos y charoles arrugados que fueron ejecutados por las manos zapateras y el equipo de diseño cual si se tratase de los cueros más tradicionales.

Semejante incorporación de materiales de alta tecnología, además de las consecuencias de sus premisas sustentables traen consigo precios más accesibles pero no escatiman recursos de diseño.

Chelo Cantón, el arquitecto y creador de la firma junto a Diego Trivelloni, enuncia acerca de las premisas éticas y estéticas en Mishka: “Así como en 2001 comenzamos como una marca de calzado para las usuarias de una supuesta aristocracia devota del diseño finlandés, en la actualidad somos una firma más democrática. La marca llega a más y nuevos consumidores sin desmedro de su calidad ni de lo atemporal implícito en los diseños y el uso. No somos una marca de lujo pero nos damos lujos en no traicionar nuestro ADN y la buena calidad”.

Las siluetas de las prendas se rigen por las tipologías orientales y oversize, que adaptan sus caídas a la diversidad de cuerpos de las usuarias. Entre las tipologías asoman joggings y pantalones derivados de lo deportivo pero que no son catalogados como tales.