En Mishka, el cambio de década coquetea con el espíritu bahiano de los ’60 y los ’70. Mood estival con guiños festivos, alegres, coloridos. Eso sí, preservando la identidad del nombre.

Una despreocupación veraniega que florece en volúmenes amplios y generosos que transmiten una sensación de desenfado. Materiales fluidos y aireados con algunas piezas selváticas. También los materiales emblemáticos se reinventan en total simplicidad con ingenio y know-how. Una silueta relajada y espontánea con los colores del verano que van desde el azul, el ciruela y el cúrcuma, hasta el caqui, el blanco y distintas tonalidades de beiges.

Marcelo Cantón, el director creativo, remata: “Nuestra intención es transmitir un sentimiento, una emoción”. Saudade.

La colección cuenta con pantalones de cintura con cordón y camisas anchas. Un sportswear elegante que cuenta con camisas estridentes, piezas de cuero y trazos del paisajista Roberto Burle Marx. Los pañuelos de seda, en sus tonos originales o overdyed, se ensamblan en configuraciones alegres y relajadas reminiscentes a la vegetación amazónica.

El mood se extiende a los zapatos, alusivos a la arquitectura de Lina Bo Bardi. Entretejidos de querencia rústica, engalanados por la combinación de materiales sofisticados y avíos de imponente porte. Cueros naturales, charol, rafia, canvas, madera. Maxi hebillas en resina o metal. Tonalidades que prenden fuego en sandalias con tiras; espadrilles; franciscanas; abotinados de naturaleza safari.

La mujer Mishka entra en el verano con un savoir-faire aventurero. Todo fluye al son de un samba. ¿Destino? Brasil. Río de Janeiro. Ipanema.