En un taller que parece ser secretamente cómplice del espíritu de su marca Chain, conecta con lo más profundo de su historia y su trabajo.

por Ester Ibarguren
fotos Noelia Garreffa

Enriquecida por los oficios familiares y una concepción sin convencionalismos acerca de las prendas que produce, esta diseñadora amalgama la búsqueda permanente y una selección única de materiales revelándonos un mundo creativo conmovedor.

Cuando empecé a conocer tu marca, lo que hacés, te vi en una foto en la que usas una prenda, un abrigo de un color rarísimo y me enamoré, me dio muchas ganas de tener la prenda. ¿Esa es tu búsqueda al momento de pensar un público; que se enamoren de la prenda, más allá de quién sea, la edad o el género?
Si bien pienso en una personalidad que va a llevar mi ropa, trato de no pensar en una edad o género. Creo que lo que diseño es para todos, para el que le guste y la quiera usar. Al utilizar textiles tan naturales, tan nobles, son realmente de una sensibilidad matérica que quizás es diferente a una propuesta masiva, se genera un enamoramiento, y luego al conocer el concepto que hay detrás de cada colección ahí realmente cierra todo. Es conquistar a la gente con el mensaje que quiero y una búsqueda de sensaciones constante. No tiene que ver sólo con lo emotivo sino también con el tacto, con el olor de las prendas… el trabajar con materiales naturales despierta todas esas posibilidades.

También estuve leyendo que tu abuela fue un referente para vos, ¿Cuál es el recuerdo más antiguo que tenés de ella, que es la que sembró la semilla de lo que sos hoy?
Mi abuela es, fue y será, mi inspiración y quien me enseñó lo más importante que tiene el oficio: la constancia, la perseverancia, la insistencia en el detalle, que todo calce perfecto, en no tenerle miedo la perfección y tampoco a equivocarme, porque somos humanos y la búsqueda es larga. Tengo millones de recuerdos a nivel personal, pero en lo que tiene que ver con el oficio, hice mi primer bordado a los seis años. Fue un motivo húngaro que ella trajo cuando se vino para Argentina. No le gustaba bordar pero me enseñó con paciencia por única vez los puntos necesarios para bordar los motivos típicos del folklore húngaro y nunca más me olvidé. Me fascinaba compartir ese tiempo y ese espacio, tuve la suerte de vivir con ella: recuerdo el ruido de la máquina, la música de alguna película antigua de fondo y yo observando y tratando de absorber todo lo que mi abuela tenía para enseñarme. Para mí no existía la palabra diseñador, pero ya sabía que quería dedicarme a eso. Superponía trapos y retazos que ella me daba para jugar y de allí se fue construyendo lo que soy ahora, y todavía me falta un montón por construir.

Cada prenda es teñida utilizando residuos orgánicos de la cocina o plantas.

En tu circuito de producción para generar una prenda, ¿Pensás primero el material, la prenda o el color?
Trabajo con textiles naturales, en su mayoría son algodones de la cooperativa Inimbó en Chaco, que si bien es un material noble también me limita porque tiene sus características, entonces tengo que pensar en modos de producirlo totalmente distinto a un textil industrializado. Una vez que elegí que textil para cada prenda desarrollo la moldería, intentando no generar desperdicios. Luego del proceso de confección, paso a teñirla, utilizando residuos orgánicos de la cocina o plantas. Mi papá es floricultor, entonces me facilita conseguir residuos de flores que ya no se pueden vender. Ese es mi material para teñir. Una vez que la prenda está lista hago el material fotográfico con equipos formados por amigos, gente que conozco, que me parece linda por cómo es y me dan ganas de que sean los protagonistas de la colección. A partir de la segunda colección decidí empezar a confeccionar solamente con la máquina recta. Surgió con un proyecto que tenía que ver con una puesta en valor de mi entorno de trabajo, descentralizando el diseño y llevarlo al barrio. Mi taller es en el conurbano, nací ahí. Me parecía lo más genuino trabajar acá. Tenía que ver con convocar personas que vivan en mi entorno, que no tengan ningún conocimiento acerca de la costura para así poder capacitarlos gratuitamente y darles herramientas para que ellos puedan independizarse, trabajando en un ambiente sano y no extremo como los talleres clandestinos. Entre todas las actividades estaba la de poder confeccionar con la máquina recta, que es la más accesible. Toda la confección se hace de la manera más impecable posible y buscando que la prenda quede realmente con calidad de exportación.

Decime tres conceptos o tres palabras que hagan al manifiesto de Chain.
Las tres palabras que elegirá para definir la marca, y a mí misma, en este momento: fluidez, artesanal y salvaje.

Leé la nota completa en Numeral Post #4 – Invierno 2019.