Vivimos en la era del sexo fácil, la comida rápida, las redes sociales publicando cada novedad en el mundo diariamente y una moda todavía más vertiginosa: la industria necesita de la fuente de la eterna juventud.

Collage de Mayra Takaes

En el mundo real, la discriminación a las mujeres por su edad está más presente que nunca, pero no se habla de ello. En esta sociedad obsesionada con la edad, consideramos imperfecto todo lo que es viejo y convertimos la juventud en nuestro bien más preciado. Pero no hay por qué conformarse con esto: otras formas de belleza son posibles.

En algunos casos, cuando las mujeres empiezan a experimentar una serie de cambios en su cuerpo debido al paso del tiempo, los medios de comunicación las desexualizan y deshumanizan como si se trataran de brujas Disney. Incluso en términos lingüísticos, a la palabra ‘viejo’ siempre se le asocian connotaciones negativas, sobre todo cuando está relacionada con mujeres. Vivimos en una cultura enfocada en la juventud que nos enseña a temerle a la edad.

En un mundo posfeminista y más cercano a la igualdad que nunca, la visión clásica de las expectativas por la edad no son realistas. Si una mujer mayor sale de la norma, lo que hace es cruzar las ofensivas líneas de la sociedad sobre lo que se considera ‘propio para su edad’ como si fueran un grupo reivindicando los derechos de la madurez. Ropa que las mujeres de más de cincuenta quisieran llevar en lugar de lo que los demás digan que deberían llevar. ¿No tendríamos que poder llevarlo todo a cualquier edad? No hay que ponerse reglas; hay que cambiarlas. Y esta línea no solo tiene que ver con su exterior, sino también con la manera en la que se deberían comportar. La juventud, entonces, no está reservada para los jóvenes.

Está Madonna, quien lleva más de 30 años haciendo un trabajo físico y mentalmente agotador: ser la reina del pop. Pero, para muchos, no puede disimular el hecho de que sea ‘vieja’ y de que ‘no tenga edad’ para llevar escotes, bailar en el piso o tener novios que tienen 32 años menos que ella. Madonna revolucionó los roles de género hace décadas; estuvo al frente del feminismo posterior a los setenta y desafió el tabú del sexo, pero ahora se la tacha de ‘estar desesperada por mantenerse joven’. ¿Debería acaso dejar atrás la música pop para cantar baladas en un bar con un piano cubierta de pieles y joyas? Eso lo hizo hace años.

Entonces, ¿qué conclusión podemos sacar de esto? Lo que de verdad debería importarle a las mujeres es la salud en lugar de su juventud. ¿No es mejor sentirse bien que verse joven?. Algunas marcas venden cremas que ‘te protegen y defienden’ de la edad como si se tratara de algún tipo de enfermedad. Necesitamos que alguien nos enseñe que ser mayor es algo hermoso y que es un proceso admirable. Debemos apreciar las arrugas en vez de temerle, porque cada arruga es un símbolo de vida, y no dudar de que ‘ser vieja’ te da sabiduría, confianza y te hace mejor persona. Y el pelo canoso no tiene porque ser corto, aburrido o, simplemente, gris.

Antiguamente, si querías aprender algo nuevo, te acercabas a la persona más vieja, no a la más joven. A lo mejor, esa noción es parte de la misma ola que pone la imagen de mujeres mayores de 50 en las campañas y revistas más importantes del mundo de la moda. Para conseguirlo, se las tiene que ver mucho más y los medios tenemos que empezar a tratar mejor a las mujeres de cierta edad. Necesitamos más fotógrafos en busca del savoir faire de la tercera edad; más firmas que confíen en mujeres para protagonizar sus campañas y más modelos que rompan con el mito de que la belleza va atada a la edad. La celebración de las mujeres de edad avanzada no debería de ser una tendencia pasajera como si hablásemos de ‘el color de la temporada’. Debemos poner de nuestra parte para redefinir las normas de la belleza y dejar atrás el pánico en cada cumpleaños.

Leé la nota completa en Numeral Post #5 – Primvera 2019.