Para un artista es la vida, es una forma de vida, no es algo que decidas dejar de alguna manera. Estás ahí en el momento en que sabes que no podes evitarlo.

Como artistas, el artista es parte del tipo de sociedad sensible. Eso lo vivimos las 24 horas del día en nuestra piel, y creemos en lo que hacemos. No vamos a casa y decimos que nuestro trabajo está terminado. Para un artista es la vida, es una forma de vida, no es algo que decidimos dejar de alguna manera. Estamos ahí en el momento en que sabemos que no podemos evitarlo.

En muchos sentidos, este momento de crisis contiene dentro de la destrucción una fuerza creadora, una ‘resurrección de las cosas’. Este momento de emergencia es la primera cosa democrática que compartimos juntos y al menos si puede haber un lado positivo es que le está sucediendo a todos en todas partes, por lo que es algo que nos permitirá repensar nuestros roles en el mundo y cómo están afectando las cosas. El poder regenerador del arte ha sido probado una y otra vez. El arte es donde siempre podemos repensar una especie de momento dramático y salir con una determinación que es asombrosa. El arte es la esperanza que tenemos.

Los artistas jóvenes también tenemos que lidiar con el hecho de que la imagen misma está perdiendo su poder en la sociedad actual. Se absorben rápidamente, en primer lugar. Y hay demasiados. Terminamos viendo las cosas ahora de una manera más superficial que antes. Si vamos a Instagram o cualquier tipo de red social las imágenes van perdiendo poder, por lo tanto la imagen artística también está perdiendo poder. La obra de un artista es una aventura, es un camino que hay que recorrer.

EL ARTISTA es, según su propia VISION, una persona que busca una razón, un SENTIDO a la vida.