Nos sentamos con la diseñadora Laili Lau para conversar sobre sustentabilidad, emprender, lo que la inspira, su infancia en Venezuela y por supuesto su marca homónima.

¿Quién es Laili Lau? Soy una mujer venezolana, con ascendencia asiática por mi papá y un lejano lado libanés, viviendo en Nueva York y tratando de aprender todos los días a ser más amable, consciente, dejar fluir, perdonar y estar agradecida con la vida.

Contanos un poco acerca de Venezuela, tu país natal. Sobre su gente, su historia, influencias culturales y situación actual. ¿Cómo lo utilizas como inspiración en tu trabajo? Venezuela es un país maravilloso con un clima único, gente muy amable y alegre. Ahí nací, crecí y me desarrollé como profesional. Es un lugar abierto a muchas posibilidades y oportunidades, especialmente para muchísimos extranjeros que, huyendo de la guerra, llegaron en búsqueda de nuevas oportunidades, como mi papá. Venezuela para mí ha sido todo: los recuerdos más lindos de mi infancia, mis amigos, las excursiones de mi colegio y la cantidad de voluntariados que hacíamos en el interior o provincias, que me permitieron conocer muchos lugares hermosos y además lo cálida, amable y alegre que es la gente en mi país.
Sin duda, el amor por la naturaleza ha estado ahí desde pequeña, Caracas es una ciudad muy verde y crecí entre el Ávila y el Parque del Este, pero también es una ciudad y un país con muchos contrastes e injusticias.

Me encantaría volver a producir en mi país, así sea algo pequeño, y destacar las cosas positivas y bonitas que hay más allá de esta crisis.

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¿Cuál sería la definición de tu marca en una oración? Prendas cuidadosamente creadas e inspiradas en la feminidad, la libertad y la naturaleza.

¿Y cómo fue el proceso de dar vida a la marca? Siempre quise tener mi propio negocio o proyecto desde que empecé a estudiar, pero mi proceso fue lento. Principalmente nació de una necesidad de expresarme y plasmar mis ideas, sobre todo de crear un estilo con el que me sintiera identificada, especialmente con los vestidos ya que me costaba mucho encontrar algo con lo que me sintiera cómoda y a gusto. Así abordé la idea de crear prendas con mi toque personal.
Mi proceso ha sido muy orgánico, de mucho ensayo y error. Cuando comencé no tenía mucha infraestructura, ni mucho menos una metodología definida. Después de un tiempo fue que pude registrar la compañía y la marca legalmente en mi país, que igual es algo que toma algunos años.

¿Cuál es el mayor reto que enfrentan los nuevos talentos? Son muchos los retos, pero para nombrar algunos serian la economía mundial y la mentalidad de inmediatez que prevalece en los consumidores. También las expectativas irreales en los puestos iniciales o introductorios en la industria de la moda, que buscan estudiantes súper especializados con una cantidad de experiencia y conocimiento a muy bajo costo, cuando apenas están tratando de lograr sus primeras pasantías.
Creo que siempre hay nuevas oportunidades, pero algunas veces no se ve tan claro el camino. Cada día la competencia es más exigente y esto quizás hace que los nuevos talentos pierdan el interés en aprender dentro de una compañía y crecer dentro de ella, así que prefieren tomar el camino de emprender, que también es difícil y severo. Sobre todo, porque la mayoría no tienen bases sólidas en cuanto a los negocios y el mercadeo, lo que hace que el proceso sea más largo y complicado, pero igualmente satisfactorio.

Nada es imposible siempre y cuando sientas amor, compromiso y constancia con tu propósito o meta.

¿Cómo evolucionó Laili Lau desde sus inicios en 2012? Ha sido realmente un trabajo de constancia y perseverancia. Desde el comienzo traté de aprovechar todos los insumos al máximo, pero en ese entonces la idea venía de crear prendas con diferentes texturas y mezclar diferentes tonos de colores, lo que hacia que las piezas lucieran diferentes, artesanales y delicadas. Igualmente, la producción de cada prenda era muy pequeña, entonces se producían hasta acabarse los materiales e, incluso, si sobraban se les daba una nueva apariencia para la siguiente colección. Desde siempre he tratado de desarrollar un lenguaje estético de piezas atemporales, femeninas, muy fluidas y versátiles, que transmitan alguna emoción, inclinándome hacia la paz, la tranquilidad y la armonía.
Luego, poco a poco, fui definiendo piezas y estilos para diferentes tipos de clientas. Más tarde llegó el reconocimiento a nivel local de mi estética y esto me llevó a profundizar y estudiar más el estilo de lo que venía desarrollando de manera natural y a través de mi metodología de producción. Di con la parte del proceso de la sustentabilidad, esto es algo que sigo perfeccionando, aprendiendo y profundizando hasta el día de hoy, pero que empezó con mi empeño en rendir cada centímetro de tela y dar uso a cada uno de los recursos a mi disposición de la manera más eficiente. Y se compaginaba también con el interés que siempre he tenido de involucrarme para ayudar y contribuir con fundaciones benéficas y pequeñas comunidades.

¿Cómo ayuda la marca a revalorizar el concepto de sustentabilidad? En este contexto, es importante replantearse muchas cosas con esta nueva normalidad. En ese sentido, creo que la colaboración, unión, conciencia y empatía son claves para crear una mejor sociedad inclusiva y productiva.
Mi forma de revalorizar la sustentabilidad, es precisamente a través de mi sistema de creencias y actuando en consecuencia. Creo en las condiciones laborales justas, por eso trabajo con talleres que honren ese acuerdo. Creo en retribuir a la comunidad a la que pertenezco, por eso siempre he colaborado con asociaciones y fundaciones tanto en Venezuela, como ahora en Estados Unidos. Creo también que hay siempre lugar para mejoras y mejores usos en una producción, por eso trabajo con proveedores especializados en la reutilización y reciclaje de textiles como Fabscrap, por ejemplo.
La sustentabilidad es un proceso largo y todavía me queda camino por recorrer. Por eso me esfuerzo por estudiar y profundizar en el tema, además de preguntarme a diario por el valor y el aporte de las cosas que consumo y también de las que creo para mi marca.

¿Qué podemos esperar de Laili Lau para el futuro? Empeño, dedicación y evolución. Quiero ratificar los valores de la marca y replantearme y cuestionarme cosas en cuanto el proceso creativo, para seguir estudiando e investigando sobre la sustentabilidad. Quiero que sea una etapa más libre, sincera y experimental que envuelva el arte textil y la pintura. Lo bonito de los nuevos inicios es encontrarse con uno mismo y dar rienda suelta a esas cosas que antes no te atrevías, quizá por las limitaciones del entorno.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado? Me lo dio mi papá y hasta ahora es el mejor consejo que me han dado: sentir amor y respeto por el oficio que se practica. En el momento en que dejas de sentir amor por ese oficio, pierde sentido seguir dedicando tiempo y empeño por lograrlo.

Contanos algo que la gente no sepa de tu marca… Hice tres intentos previos antes de dedicarme a tiempo completo con la marca y fueron intentos muy fallidos y desalentadores. No conseguía una infraestructura clara, hasta que por fin decidí dar el paso, después de lograr cierta madurez, responsabilidad y compromiso en el 2012. Por eso es importante siempre darse espacio para equivocarse y seguirlo intentando.
Esa experiencia fue lo que me facilitó el proceso de empezar de nuevo, ahora en Estados Unidos. Desde que me mudé a NYC, ha sido todo un proceso de restructurar todo de nuevo, pero esta vez en otro mercado. Otra cosa que ahora cuento con otra persona ayudándome en la dirección creativa ya que somos mi esposo, Manaure Peñalver y yo. Él me ayuda a desarrollar los temas de inspiración, incluso a simplificar los procesos y a editar. Realmente está muy comprometido con la marca y su ayuda ha sido fundamental desde 2014. Su apoyo ha sido invaluable durante todos estos años, me ha motivado, impulsado mucho y brindado sus conocimientos en la parte de producción textil y como consultor creativo.

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