Hay conceptos como el consumo responsable que, a base de manosearlos, de convertirlos en hashtags o etiquetas marketineras, terminan perdiendo su contenido real. Por eso es importante restablecerlo y darle la importancia que se merece.

foto de JOSHUA WHITE

Entendemos por consumo responsable el cambio de hábitos que nuestra sociedad debería llevar a acabo para reajustar sus necesidades reales, eligiendo bienes y servicios que favorezcan la igualdad social, la no explotación de los trabajadores y la conservación del medio ambiente. Es un tipo de consumo que, no sólo promueve, sino que respeta la sostenibilidad, tanto del proceso de fabricación como en el de comercialización.

En un panorama como el actual, parece que hablar de consumo responsable suena utópico, pero es una realidad que debemos afrontar con urgencia. El consumo gratuito debería tener sus días contados. Producir contenido de calidad tiene un costo elevado. Las descargas ilegales o el pirateo hablan de una sociedad que perdió el respeto por la propiedad intelectual, la propiedad más etérea y a la vez más necesaria. No asumir nuestra parte de responsabilidad nos convierte en aliados de un sistema que, aunque nos convenga, no es el mejor. Seamos consumidores responsables. Será más justo para todos.

Que en estos momentos compramos más de lo que necesitamos es un aforismo. Quizás podamos tomar consciencia y hacer las cosas de otra manera. No se trata de demonizar el consumo. Darse un gusto es algo que todos nos merecemos. Es una forma de autogratitud, pero hacerlo de forma mecánica puede no ser tan sano. De hecho, puede enmascarar algún tipo de insatisfacción.

En definitiva, el cambio de paradigma debe venir de olvidar que el confort no pasa por los productos desechables que debemos incorporar el credo de las tres “r”: reducir, reutilizar y reciclar. Y, sobretodo, hay que recuperar un término que cayó en desuso: el transumo, un concepto que pone el foco en dejar de acumular bienes y reducir al máximo la cantidad de desechos que generamos.